sábado, 13 de agosto de 2016

Reflexión 1 | El cambio de la percepción de la idea de tener un bebé

Para entrar en contexto, lo mínimo que hay que saber de mí:
Tengo 29, tengo 4 años de casada y 8 años con mi amor (entre el pololeo y el matrimonio). Nací y crecí en Venezuela, tengo 6 años en Chile. Estudié periodismo, trabajo en una universidad, hice un magíster en edición y tengo un libro en carpeta, esperando publicación, sobre cómo y qué leer a los niños en la primera infancia. 


En estos momentos me siento muy especial porque no estoy de pronto esperando una guagua, sino que tras una preciosa etapa de dubitación, acabo de decidir con mi marido que queremos buscar un bebé. Son muchas las reflexiones que nos han llevado a este punto.

A continuación la explicación del primer tema clave. Me parece que la mejor y más clara forma de ponerlo es a través de una cronología:

Reflexión 1: El cambio de la percepción de la idea de tener un bebé


Desde mi preadolescencia hasta los 25: Tener un bebé es lo peor que te puede pasar
Es típico que cuando la gente tiene un bebé dice que es un milagro, pero para un joven normal la verdad es que quedar esperando una guagua da temor, es algo que se evita activamente, algo que puede arruinarlo todo. No recuerdo claramente, pero presumo que para mí esta percepción se remonta a la pre adolescencia, mi hermana (es mi única hermana) tiene dos años más que yo, ella salía, carreteaba, tenía sus amigos y su vida social. Yo era más introvertida, pero me imagino que por extensión a mi hermana me tocó escuchar a mis padres diciendo que el embarazo adolescente es la peor tragedia que existe, que te daña la vida, que significa dejar los estudios, no ser profesional, ganar poco, olvidar todo vestigio de vida social, tener toda una clase de problemas, en definitiva, es la vía directa para ser infeliz por toda la vida. Estoy segura de que exagero, realmente no creo que mis padres me lo hayan narrado así, pero vaya que así llegó el mensaje, caló así, como una pesadilla por evitar.
Por otra parte, otro tema que siempre estuvo en el radar es el ejemplo de mis padres: Ahora puedo verlo, antes solo lo sentía, pero mis padres son más bien conservadores y además se casaron grandes, se casaron a los 30 y tuvieron a mi hermana a los 31. Siempre estuvieron en el tapete frases-referentes como que: 'hay que casarse de grande' y definitivamente 'hay que disfrutar el matrimonio antes de tener hijos pues esto lo cambia todo, TODO'.

25 años - 26 años: Algo especial, que le pasa a mis amigas precoces
Me casé mis 25 años, con mi pololo de hacía 4 años antes, y desde ese momento a la pregunta de ¿para cuándo los bebés? respondía tranquilamente que nada que ver, que más adelante, que aún soy muy joven, que me siento súper inmadura, que apenas me sé cuidar a mí misma, que hay tanto para eso, hay que construir mil cosas más antes, etc. En este momento la tendencia era casarse, se casaba una, otra y otra amiga más. Me alegraba por ellos y listo, todo en orden, yo estaba en el mismo escalón, cómoda y feliz con mi relación.
Hasta este momento todas las mujeres de mi edad con las que me identifico o por las que siento afecto están solteras, por casarse o casadas, pero nada más. Claro, había excepciones: mi mejor amiga tuvo a su bebé a los 26, una gran amiga mexicana también, tipo a los 27 pero era algo especial. Lo normal para mi generación es que encontraran un compañero de vida y subieran preciosas fotos con velo y bouquet (uh, realmente me muero de ganas de escribirlo como suena: "buqué").

Ah, un tema importante a mencionar es que a mis 25-26 comencé el proyecto de libro. Para mi magíster en edición con la Universidad Diego Portales tenía que hacer una tesis, que podía ser una investigación o un libro. Decidí hacer lo segundo porque quise hacer algo práctico y concreto y decidí irme por el tema infantil por unas una profesora pesadísima que dio unas clases espectaculares de literatura infantil y juvenil. Así terminé haciendo como tesis una guía que recomienda a papás cómo y qué leer a sus hijos desde el embarazo hasta aproximadamente los seis años.
Esto significó entrevistar a más de 50 personas sobre los bebés, la lectura en la primera infancia, etc. La investigación fue larga y fue hermosa. En el proceso me aproximé a reflexiones increíbles como esta que tengo especialmente tatuada en mi sensibilidad: Algo extraordinario de los niños es que su conocimiento es explosivo e irreversible, aprenden muy veloz mente y aprenden "para siempre"; una vez que un niño camina, ya nunca más gatea, una vez que un niño aprende a leer, nunca más las letras serán códigos desordenados y sin sentido.
Toda la investigación y las entrevistas fueron una exquisitez. Pero a todo esto me acerqué con avidez intelectual, con un interés meramente académico, esto era mi tesis, y nada más. Esta tesis no me atrajo la idea de tener bebés, para nada, a decir verdad la primera vez en el proceso que me pensé como posible mamá fue cuando tuve que hacer el informe de la tesis y me tuve que plantear la pregunta de quién soy yo como autora para hablar del tema, pues no soy ni especialista en el tema ni tampoco soy una madre con experiencia. Sin mayores problemas respondí que mi validación viene de mi carrera, soy periodista y por mi formación soy capaz de entrevistar a los que sí saben (especialistas y padres) y llevar los contenidos a un lenguaje y una forma comprensibles.
Mi tesis-libro no me motivó a pensarme como mamá, pero sí tuvo este impacto que agradezco profundamente: me di cuenta de que sí quiero ser mamá, que tengo el deseo de poner en práctica todo esto, que me llena de emoción la idea de cargar a mi bebé en mi regazo y leerle, cantarle, hablarle.
Como buena venezolana, siempre soñé ser Miss. En mis deseos y metas estaba muy instalado, mi deseo de casarme o que quería ser una gran profesional, pero realmente hasta mis 26 no había sentido con fuerza que quiero ser mamá, que me da muchísima ilusión tener un hijito. Lo más cercano que tenía al tema era que me gustaba bromear y molestar a mis padres con que no quería tener un hijo propio, sino que quería adoptar, esto realmente los exasperaba. Supongo que en el fondo siempre quise ser mamá, pero con mi libro lo razoné, plenamente. Esto, y tantísimas cosas más, le debo a mi libro.

27 años - 28 años: el boom - babies everywhere, no es alocado ser mamá
A mis 27 adoptamos un perrito rescatado. Al inicio fue muy tierno, se me vino a la mente la pregunta: ¿por qué no, por qué no tener un niñito? Pero estas dudas se apagaron casi inmediatamente cuando vi el trabajón que significaba. Que si la comida, la medicina del perrito, paséalo tú, no, te toca a ti. Las ganas de ser mamá se fueron tan rápido como vinieron. Fue intenso y corto, no tuvo mayor trascendencia, seguí pensando que tener un bebé en esta edad es algo especial, incluso hasta apresurado.
Entonces cambió un poco la cosa. Empezó el boom de los bebés en FB, de pronto miles de conocidas ¡pum! con baby shower, en poses tiernas-ordinarias con la guata infladísima, ¡tam! fotos de recién paridas, bebitos con poleritas de colores claros anunciando x cantidad de meses de vida y luego preciosísisimas composiciones de mesones con tortas, globos y demás anunciando el primer o segundo cumpleaños. Así me enfrenté a la realidad: ya esto de los bebés no es tema de mis primos mayores, de amigos más grandes, era la nueva tendencia.
Pasó además lo que uno siempre escucha: la presión social. De pronto mis padres, que son súper respetuosos, me preguntaron que para cuándo un nietecito, y un par de colegas levantaron las cejas, sorprendidos, cuando juntaban los datos: "aún no bebés" y "tengo 4 años de casada". Debo decir que no fue una súper presión, no fue agobiante, ni cerca. De hecho, apenas lo noté, pero lo noté. People expect, la gente espera, la gente asume que es hora, y te lo hace saber, en mi caso fue de forma muy sutil, por suerte.

Pero con todo esto tuve que pensarlo seriamente: ya no bastaba el "soy muy joven, por ahora no", tuve que planteármelo. Y de estas reflexiones personales y con mi marido, me di cuenta de dos cosas:
1) Ya no sería un embarazo adolescente: Es gracioso, pero realmente a mis 27 o 28 me di cuenta que ya no sería una tragedia, que ya no significaba dejar de estudiar y dar un giro 360 a mi vida. Ya estoy casada, tengo casa, auto y perro, significaría un ajuste, pero lo manejaríamos como adultos, pues yo-soy-ya-una-adulta-hecha-y-derecha.
2) No queremos: Al pensarlo seriamente, con mi marido determinamos que no estamos en esta parada. Me reuní con una prima mayor y conversé todo esto, fue muy bueno verbalizarlo y además contar con un respaldo, una validación, recuerdo que fue muy bonito. Total que le comenté que sentía la tendencia generacional y la presión social, pero no queremos. Mi marido y yo sentíamos que algo nos faltaba, pero no era un bebé. Era quizás vivir afuera, quizás un cambio de trabajo, quizás más y más carrete y disfrute. Todo indicaba que tenía que ver con vivir afuera, mi marido lo deseaba, quería estudiar un magíster afuera, pero yo tenía demasiado miedo y sentía rechazo a la idea, pero ese era el dilema del momento, ¿un bebé? no era tema, eso no era parte de las preocupaciones.

29 años: El estímulo y el momento 
Cumplí mis 29 años en Nueva York, de vacaciones. Fue precioso, intenso, muy bonito. Pero la razón del viaje de vacaciones era ir a San Francisco a la boda de uno de los mejores amigos de mi marido. Aproveché la instancia de ver a estos amigos para abordar con ellos la inquietud que teníamos: vivir afuera. Eran las personas perfectas para preguntarles porque han viajado por aquí y por allá, han pasado un año en un lugar, unos meses en otro, otros años en otros y así. Me di cuenta de que el afán de vivir afuera no era tan alocado. Yo soy una persona que históricamente odio y rechazo todo tipo de cambio, es una locura, pero realmente prefiero la estabilidad y la permanencia de los elementos "tal y como están" y además realmente sentía que mi trabajo había sido hasta hace no mucho demasiado bueno como para dejarlo.
Con esos amigos me di cuenta de que es posible cambiar, que ellos han podido igual construir relaciones y casarse, tener buenos trabajos, etc. Pero lo más power vino de mi mejor amigo, que es que si 3,5 años menor que yo: evitar el cambio es evitar el crecimiento. Cuando uno no cambia y solo permanece, deja de aprender, deja de crecer.
Esto me llegó mucho. Regresé a Chile ya socializada con la idea de irnos, pero las condiciones cambiaron: mi marido se dio cuenta de que tiene un buen trabajo y que irse a estudiar a otro lado significaría perderlo, dejar ese enorme crecimiento profesional que estaba teniendo, por lo que más bien tendríamos que optar por el long-shot de esperar oportunidades de traslado con su empresa.
Él se cambió, pero yo no. Yo ya me había "incepcionado" con la idea del cambio, con la necesidad de crecer. Ya me había incluso hecho la idea de que mi trabajo podría llegar a su fin. Uno de los peros de irnos del país es que yo amaba mi trabajo, pero el proceso de pensar en irnos me alejó un poco de mi trabajo, mi amor enorme por mi trabajo actual descendió, aminoró. Era evidente, necesitábamos un cambio, no era el viaje, el carrete y el disfrute de la juventud era insuficiente, ups, quizás era el tema del bebé.
#EL ESTÍMULO: Es vergonzoso que este sea el estímulo clave, después de toda esta verborrea, pero esto fue lo que en verdad detonó el tema: En mi trabajo estábamos buscando una nueva coordinadora en mi área. Estábamos ya con la terna y mi jefa dijo sobre la candidata más fuerte (de 32 años) algo muy parecido a esto: "La chica es buena, eso sí, un pero es que en cualquier momento se pone a esperar guagua, pero es parte de, bueno, igual que tú, Gabriela, que en cualquier momento te quedas esperando."
Algo pasó, algo cambió. Sentí que algo se activó. No sé si levanté las cejas o se me aceleró el corazón, pero sí sé que sentí un impacto y mi mente enloqueció. Con mi marido conversamos y conversamos largamente y con los ojos llenos de emoción nos dimos cuenta que sí: que ahora sí que sí, había llegado el momento, queremos tener un bebé.

¿Las razones? En concreto y en orden: 
-Ya no hay respuestas claras al "¿Por qué no tener un hijo?"
-Ganas
-Matrimonio estable
-Necesidad general de cambio, pero no deseo de irnos del país prontamente
-Alejamiento emocional de mi trabajo, sin deseo de dejarlo o cambiarme de pega
-Buena edad para tener hijos y embarcarnos en esta aventura

Total, hace un mes y medio tomamos la resolución, pero el proceso de búsqueda activa recién parte. Dejaré esto para otro post. Solo quiero dejar planteado esto -y de verdad me enorgullece hasta la médula-: decisión de tener un bebé fue ante nada una decisión, una cosa voluntaria y que ha surgido con calma y con una gran cantidad de reflexiones y tomas de conciencia. La verdad que sí, fue así y esto me da mucha plenitud: esto ha sido bien pensado y bien decidido.

¿Cambio de rumbo?

Este blog no ha tenido mil publicaciones porque aún no llegaba su momento, el objetivo de este espacio era tener un canal alternativo con el público para compartir actualizaciones de los contenidos de mi futuro libro, que en mis fantasías está publicadísimo, y en mil puntos de distribución. Hablo de mi querida guía que busca ayudar a madres y padres a saber qué y cómo leer a sus hijos desde el embarazo hasta los seis años.

Pero esto aún es un sueño. Postulé al fondo del libro y me dispongo a buscar editores, pero este proyecto sigue estando en el mundo de las posibilidades.

He decidido cambiar un el uso de este espacio. Sin destruirlo y armar otro, sin si quiera cambiarle el nombre, he decidido contar acá el camino más concreto que tengo por delante, y lo más grande que podría pasarme: contaré acá la ruta a mi camino de ser mamá.

Soy una mujer, casada, feliz y quiero ser una madre. Estoy en la etapa previa a ser una "mother-to-be", ahora mismo, soy una mujer casada y con deseos de dar un giro a nuestras vidas con un hijo.

Respiro profundo, publico esto y me dispongo a contar mi historia. Cierro este post... y abro mi nueva etapa.

martes, 28 de julio de 2015

De lo mejor que me ha brindado este proyecto

Este proyecto que impulsé hace ya tres años ha traído a mi vida mil aprendizajes, momentos y emociones preciosas. Ahora me siento motivada a compartirles una de las cosas más especiales que he recibido, que sigo recibiendo:

Para hacer esta investigación he necesitado entrevistar a muchísimos padres, expertos, bibliotecarios, editores, etcétera. Realmente uno pensaría que lograr una entrevista con alguien es difícil, pero no es así. He recibido demasiadas respuestas afirmativas y empáticas, más de lo que puedo creer. Hoy he razonado la enorme generosidad que han mostrado mis entrevistados. Son muchísimas las personas que han contestado mis mails, que me han invitado a su hogar, que me han dejado conocer a sus hijos, que me han dedicado minutos de sus vidas y de sus trabajos. 

Estoy muy impresionada por la forma simple y natural en que tantos me han compartido sus conocimientos. Para esta investigación he entrevistado ya a 40 personas y ahora mismo ya tengo agendados otros 4 encuentros, a primera hora, tarde en sus hogares, con sus bebetecas al fondo, son múltiples las formas en que otros han accedido a apoyarme.

A cada uno de ellos les he regalado un chocolate, pueden pueden preguntar a cualquiera al azar. Realmente todos han recibido de mí una barra dulce como agradecimiento. Pero esto no es nada comparado con el cariño y respeto y con la entrega generosísima de conocimientos que me han obsequiado.

A cada uno de ellos, muchísimas gracias. Y a ustedes, lectores, espero compartirles la enorme esperanza de que aunque estamos en el siglo XXI, hay personas que están dispuestas a compartir un café contigo, a recibirte en su oficina, en fin, a darte un espacio y contarte; a compartirte las verdades que han recibido con sus años de experiencia y laboriosidad.

Es francamente emocionante. Estoy muy agradecida. 

lunes, 29 de junio de 2015

¿Es posible y acaso necesario abordar el desafío de leer a desde el embarazo y durante la primera infancia?